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Guías de Oviedo

El casco antiguo de Oviedo

Hay una hora, a media mañana, en que el sol entra sesgado por las calles del casco antiguo de Oviedo y todo parece detenerse: los soportales de piedra, el eco de tus pasos sobre el adoquín, el olor a café que sale de una cafetería con solera. El casco antiguo no es un decorado para visitar deprisa; es un lugar para habitarlo despacio, y quien se aloja aquí lo entiende a los pocos minutos de dejar la maleta.

El corazón de la ciudad: la catedral y su plaza

Todo empieza y vuelve a la Catedral de San Salvador, con su única torre gótica que se ve desde media ciudad y que sirve de brújula cuando uno se pierde entre callejones. La Plaza de la Catedral es amplia, tranquila, con esa gravedad serena de las plazas que llevan siglos siendo el punto de encuentro. Merece la pena entrar a ver la Cámara Santa y detenerse en el claustro, pero también sencillamente sentarse enfrente a mirar la fachada mientras cae la tarde.

A pocos metros está la estatua de La Regenta, la protagonista de Clarín, plantada frente a la catedral como si contemplara la misma escena que tú. Es uno de esos guiños que Oviedo reparte por sus esquinas: la ciudad se lee a sí misma en piedra y bronce.

Calles y plazas para perderse

El casco antiguo se recorre mejor sin mapa. Estas son las paradas que casi solas te salen al paso:

  • La Plaza del Fontán, con sus soportales y su mercado. Domingos y jueves hay puestos, y cualquier día de la semana un par de sidrerías donde el camarero escancia sin mirar el vaso.
  • La calle Cimadevilla, la arteria comercial de siempre, que baja hacia la plaza del Ayuntamiento y su arco.
  • La Plaza de Trascorrales, íntima y recoleta, con sus esculturas de vendedoras y la sensación de haber entrado en un patio privado.
  • La Plaza de la Constitución, presidida por el Ayuntamiento y la iglesia de San Isidoro, punto de partida natural para bajar hacia el Fontán.

Entre unas y otras se enhebran calles cortas de piedra donde alternan librerías, tiendas de bombones, talleres de artesanía y bares donde el vermú es un rito. No hay grandes distancias: en un radio de diez minutos a pie está casi todo lo que importa.

Las esculturas y el Oviedo de Woody Allen

Oviedo es una ciudad al aire libre para la escultura, y el casco antiguo concentra varias de las piezas que la hicieron célebre. Woody Allen, que rodó aquí parte de Vicky Cristina Barcelona y recibió el Premio Príncipe de Asturias, tiene su propia estatua paseando por la calle de Milicias Nacionales, muy cerca del casco. Buscar las esculturas repartidas por el centro —el culo de Botero incluido— es un buen pretexto para caminar sin rumbo y descubrir rincones que de otro modo se pasarían de largo.

El ambiente: sidra, chigres y vida de barrio

Al caer la tarde, la zona de Gascona, al borde mismo del casco antiguo, se llena. Es el bulevar de la sidra: sidrerías una tras otra, mesas en la calle y el sonido inconfundible del culín cayendo desde lo alto. No es turismo de escaparate; es la manera asturiana de terminar el día, y sentarse aquí a compartir una botella con un buen queso de cabrales es entender la ciudad mejor que en cualquier museo.

Lo que distingue al casco antiguo de Oviedo es que la vida local y la visita conviven sin fricción. A las nueve de la mañana ves a los de siempre camino del mercado; a las nueve de la noche, las terrazas siguen llenas de gente del barrio. Se respira una calma amable, sin el bullicio agotador de otros centros históricos.

Por qué alojarse cerca

Dormir en el casco antiguo o a un paso de él cambia por completo la experiencia. Significa salir a la calle y ya estar donde quieres estar: la catedral a la vuelta de la esquina, el Fontán para el desayuno, Gascona para la cena, y todo a distancia de paseo, sin coches ni horarios. Es volver al alojamiento a media tarde a descansar y bajar de nuevo sin pensar en aparcamientos ni transporte.

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